El Barcelona impone su ley en una Supercopa de contrastes generacionales

El Barcelona impone su ley en una Supercopa de contrastes generacionales

La Supercopa de España ha vuelto a confirmar su estatus como el torneo de las emociones fuertes, consolidando un cambio de ciclo en el fútbol nacional. Si bien la memoria reciente del torneo nos remitía a duelos donde el Athletic de Bilbao de Marcelino buscaba revalidar títulos frente al Real Madrid de Carlo Ancelotti, la realidad actual ha dictado sentencia de forma diferente. En esta ocasión, ha sido el FC Barcelona de Hansi Flick quien ha golpeado con autoridad, superando al Real Madrid por segunda vez consecutiva en la final de la competición.

Un Clásico vibrante y caótico

El encuentro, resuelto con un ajustado 3-2 favorable a los azulgranas, fue mucho más reñido de lo que el juego desplegado por ambos equipos sugería. El Real Madrid, dirigido ahora desde la pizarra por Xabi Alonso, planteó un esquema táctico inesperado y carente de fluidez. Los blancos, irreconocibles en la construcción por el carril central, se vieron forzados a replegarse en un bloque bajo durante gran parte de la primera mitad, cediendo la posesión a un Barcelona que no dudó en tomar la iniciativa.

Raphinha fue, sin discusión, el nombre propio de la noche. El brasileño abrió el marcador en el primer acto con una definición asombrosa ante Thibaut Courtois, castigando un error en la salida de balón merengue y superando al belga, uno de los guardametas más difíciles de batir del planeta. Aunque el partido llegó al descanso con un caótico empate a dos en el marcador, Raphinha volvió a aparecer en el minuto 73 para sellar la victoria y reclamar, una vez más, el trofeo de MVP. Tal como predijo Xabi Alonso en la previa, situando al extremo por delante de figuras como Pedri o Lamine Yamal en cuanto a peligrosidad, el “11” culé asumió los galones y lideró a los de Flick hacia el título.

Fragilidad defensiva en ambas áreas

A pesar de la dulzura de la victoria, el análisis deja sombras preocupantes en la zaga catalana. Jules Koundé vivió una noche para el olvido, mostrándose prácticamente inexistente en la contención de Vinícius Jr., mientras que Pau Cubarsí sufrió en las intercepciones. Los dos goles encajados por el Barça, descritos por la crítica como escandalosos, evidenciaron una falta de contundencia en los despejes y en la defensa de los saques de esquina que mantuvo al Real Madrid con vida artificialmente. Los blancos, sin embargo, no supieron capitalizar estos regalos más allá de contragolpes aislados, mostrando una versión muy pobre y dependiente de las individualidades.

El peso de la historia y la estadística

Este triunfo azulgrana reconfigura el palmarés y las dinámicas del torneo. Atrás quedan las ediciones donde el Real Madrid llegaba a la final tras eliminar al propio Barça —como aquella vez con gol de Fede Valverde en la prórroga— para medirse a un Athletic Club combativo. En el recuerdo quedan las bajas de hombres como Gareth Bale o Mariano Díaz, o la ausencia de Unai Vencedor en las filas vascas.

El Real Madrid, que cuenta en sus vitrinas con 11 Supercopas de España —la última lograda en 2020 ante el Atlético de Madrid en los penaltis—, ve cómo su eterno rival recorta distancias y defiende su corona con éxito. Por su parte, el Athletic, con sus tres trofeos, se mantiene como el tercero en discordia en una competición histórica. Mientras las retransmisiones televisivas y los horarios siguen marcando la agenda del aficionado, sobre el césped ha quedado claro que la era de Hansi Flick comienza a dar sus frutos, devolviendo la confianza a una afición que exigía volver a reinar en las grandes noches.