El golazo de Aspas no evita la agonía celeste

El Celta se impuso por la mínima ante la Real Sociedad en un partido gris de los hombres de Berizzo. Sin dominio, con falta de continuidad en el juego y escasez de ocasiones, vigueses y donostiarras brindaron un partido de los que pocas personas se acordaran en las próximas semanas. El único destello del partido corrió a cuenta de Aspas, autor del fenomenal tanto que supuso la victoria gallega. Tras el descanso, los txuri-urdin reaccionaron y consiguieron arrinconar a un Celta que por poco se llevó un susto ante su público.

Ante las acusadas bajas de Pablo Hernández y Orellana, el ‘Toto’ apostó por Radoja para acompañar a Marcelo Díaz y Wass. El trivote, si bien no exento de calidad, no supo controlar el partido todo lo que le habría gustado a su técnico. No obstante, sería de esta falta de control de donde se originaría el único gol de la tarde. Se acercaba el cuarto de hora de juego y Nolito asistía con un prodigioso pase a Aspas que, tras controlar y avanzar, se la picaba por encima a un Rulli que no se esperaba el recurso del moañés.

Poco más pasó en el primer período más allá del gol. Ningún conjunto supo imponer su juego sobre el del rival y apenas hubo peligro en ambas áreas, siendo Nolito el jugador más peligroso del encuentro en los cuarenta y cinco minutos iniciales. El sanluqueño continúa recuperando el tono y, pese a su imprecisión, sigue dando más de un quebradero de cabeza a su pareja de baile. Los de Eusebio, por su parte, no encontraban la forma de hacer circular el balón con claridad en la vuelta del vallisoletano a Balaídos. Todo cambiaría en la segunda parte.

A través del balón parado, la mayor pesadilla de la defensa y el aficionado celeste, los vascos consiguieron volver a meterse en el partido. Lo intentaron desde varias posiciones y con diversas jugadas ensayadas, pero no hubo premio. La Real iba imponiéndose poco a poco a su rival y la entrada de Carlos Vela no hizo más que acrecentar la sensación de dominio donostiarra. Entre tanto, al Celta le costaba horrores salir de su campo y no encontraba la forma de salir con el balón jugado.

Si bien la desconexión gallega no se acercaba al esperpento de la semana pasada en el Bernabéu, el equipo daba preocupantes muestras de agotamiento psicológico ante los constantes envites realistas. Berizzo introdujo a Beauvue y Señé para buscar dar continuidad a su idea y aportar frescura, pero el plan no salió. Por si fuera poco, Aspas se marchaba aquejado de un pinchazo en la pierna derecha y dejaba su sitio a Bongonda a quince minutos del final. Sin ser capaz de crear peligro y con la Real más encima que nunca, al Celta sólo le quedaba achicar y esperar a que el pitido final llegara pronto.

Los últimos minutos fueron agónicos, con los txuri-urdin volcados a conseguir el empate y los celestes prácticamente encerrados en su campo. Tuvieron varias los vascos, pero el gol no llegaba gracias a las intervenciones de la defensa y de un Sergio que en ocasiones se mostró bastante dubitativo. Pese a la agonía final, al final los tres puntos se quedaron en casa para alegría de los vigueses. Ya son cuarenta y cinco puntos, una cifra que permite seguir soñando con la ansiada plaza de Europa League.

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