Amarga despedida

El Celta cerró el año en un extraño partido, el que significaba la despedida de su capitán, Augusto. Si ya existía un cierto sentir melancólico, un duro Athletic se encargó de convertirlo en amargor. No fue un gran combate, por ninguno de los dos contendientes, pero los de Valverde supieron matener las filas cerradas y asestar el golpe cuando el rival estaba más expuesto. El local, con la grada animada pese al temporal, no fue capaz de mantener el nivel de juego ni las fuerzas necesarias para batirse ante un rival directo (0-1). 

Los primeros compases prometían para el conjunto dirigido por Eduardo Berizzo. Aún sin Nolito, sus chicos mantuvieron una marcada superioridad que se extendió hasta el descanso. Fue un dominio estéril, sin más que un par ocasiones repartidas con los ‘leones’, llevado con calma por el Celta, y con arrebatos de un Athletic contenido, agazapado en un esquema con dos delanteros que logró el cometido de interferir en la salida del balón. No obstante, la presión de los celestes aplacó la mayor parte de las ofensivas.

Después del paso por vestuarios daba la sensación de que el guión iba a repetirse, mas el Celta, buscando una disposición más ofensiva, comenzó a sufrir con las transiciones de un visitante con renovada energía. En el trasiego del balón el Celta quedó a merced de los contraataques. Tras un aviso, repelido por Sergio en la distancia corta, Aduriz volvió a comandar un ataque veloz, iniciado con una pérdida absurda. Orellana se desentendió del balón, y en un par de toques, Raúl García se colocó a la espalda de Cabral. El ex del Atleti definió con sutileza, de exterior, confirmando que el centro del campo céltico ya no estaba para tareas defensivas (71’).

Al Celta ya sólo le quedaba atacar, o más bien, seguir atacando, porque en ese sentido siempre llevó el peso del partido. Demasiado imprecisos en los metros finales, de nada sirvió la actividad de Orellana, la profunidad de Wass o la insistencia de Aspas. Bongonda pisó con cierta asiduidad el área de Iraizoz, mas no hubo receptor para los pases envenenados. La falta de puntería la dejó patente un chut al poste de Mallo, que hasta entonces había pecado de tímido. Berizzo tardó en reaccionar ante el bajón físico. El primer cambio fue inmediatamente posterior al gol: Guidetti sustituyó a Hernández y dio el empuje ofensivo que demandaba el transcurso del envite. 

En ningún momento pudo el Celta dominar al Athletic, ni siquiera con el colectivo volcado. La férrea táctica, la solidaridad y la agresividad en el cuerpo a cuerpo de los visitantes pudo ante las posesiones inocentes. Con algunas tarjetas, y exprimiendo el reloj, los bilbaínos recogieron tres merecidos puntos, pues supieron golpear en el momento propicio y aguantar unidos. Fue una noche extraña en el Municipal. Augusto se fue ovacionado, pero se fue, a fin de cuentas. La derrota será analizada, diseccionada y asimilada, pero la pérdida parece irreparable. 

 

Ficha

Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Sergi, Jonny; Augusto (Radoja, 76´), Wass, Pablo Hernández (Guidetti, 73´); Orellana, Bongonda (Drazic, 87´), Aspas.

Athletic: Iraizoz; De Marcos, Etxeita, Laporte, Balenziaga; San José, Beñat; Raúl García; Sabin Merino (Muniain, 59´), Williams (Eraso, 76´), Aduriz (Kike Sola, 88´).

 0-1: Raúl García (71´)

Árbitro: Pérez Montero (comité andaluz). Mostró tarjetas amarillas por parte del Celta a: Cabral, Bongonda y Radoja; en el Athletic vieron cartulina amarilla Iraizoz, Laporte, San José, Laporte y Beñat.

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