Victoria de carácter con una obra de arte moañesa

El Celta se impuso por la mínima ante el Espanyol en un partido con un final de auténtica taquicardia. Los gallegos sumaron su segunda victoria consecutiva en casa gracias a una obra de arte de Iago Aspas, que consiguió su octavo gol de la temporada con una hermosa vaselina desde la frontal del área. Con todo, el partido continuó el guión de las últimas jornadas: otra vez volvió a haber un expulsado (esta vez Hernández) y otra vez volvió a lesionarse un futbolista (Nolito). La expulsión del chileno hizo temblar a la grada de Balaídos, pero los de Berizzo tiraron de coraje e identidad y dejaron el resto para aumentar la ventaja ya existente, un movimiento que a la postre resultaría decisivo.

El partido comenzaba con las novedades de Mallo como central y Wass de lateral derecho. La improvisada defensa propuesta por Berizzo no influyo en los primeros compases del juego, de hecho los celestes impusieron rápido su dominio sobre el balón. El Espanyol esperaba atrás, bien organizado y esperando una buena oportunidad para contragolpear, rechazando cada arremetida celeste. La solidez defensiva de los pericos sólo era rota por los movimientos hacia el centro de Aspas y las combinaciones rápidas en la zona de tres cuartos, pero el conjunto local no convertía sus buenas intenciones en disparos.

El paso de los minutos no variaba el libreto del encuentro, pues el control seguía siendo apabullante y el Espanyol no aprovechaba los espacios que dejaban los celestes. Los intentos de Nolito, mucho más activo y acertado esta noche, por su carril no llegaban a nada y el ritmo se iba cortando a base de faltas. Ahí encontró el Espanyol su oportunidad para meterse en el encuentro, encontrando formas de llevar peligro a la meta gallega. Primero con un centro que nadie despejó y al que a punto estuvo de llegar Víctor, después forzando la estirada de Sergio peinando un balón envenenado hacia el primer palo.

La reacción blanquiazul despertó a los celestes y por fin empezaron a encontrar fallas en el sistema defensivo catalán. Un par de buenas acciones de Nolito y Orellana precedieron a la obra de arte de la noche. Tras un veloz contraataque de los celestes, el balón le llegó a un Aspas que, tras irse del central, tuvo la frialdad necesaria para levantar la cabeza, ver la salida de Pau y adelantar a los vigueses con un precioso globo desde la frontal del área. No se quedó ahí la demostración de recursos del moañés. En la siguiente jugada dejaba completamente solo a Bongonda para que fusilara la meta perica, pero el tanto no subiría al marcador pues Fernández Borbalán señaló un fuera de juego inexistente del belga.

El cupo de errores arbitrales seguiría aumentando nada más comenzar la segunda parte. En casi la primera acción del período, Pablo Hernández se marchaba antes de tiempo al ver la segunda amarilla tras ir excesivamente fuerte a un balón aéreo; una tarjeta justa, las cosas como son, el problema viene de una primera amonestación más que rigurosa.

No obstante, la inferioridad numérica no amedrentó a los celestes que, increíblemente, se reencontraron con la mejor versión de su juego. Las ocasiones viguesas se sucedieron sobre el césped: primero Aspas la reventó contra el larguero, siguió Nolito con un manso disparo tras quedarse sólo en el área y, más tarde, Bongonda se encontró con el poste y Orellana no acertaba entre los tres palos.

El arreón gallego hizo reaccionar a Sergio, que rápidamente introdujo a Marco Asensio sobre el césped; la entrada del mediapunta tuvo su réplica inmediata en la entrada de Borja Fernández por Bongonda. Con el mallorquín mejoró el juego de los catalanes, que pudieron empatar por medio de Hernán Pérez tras un despiste defensivo de Planas que enmendaría Sergio. No sería la única aparición del catoirense, pues minutos más tarde voló para sacar de la escuadra un potentísimo cabezazo de Raíllo.

Llegado el tramo final, sólo quedaba aguantar y más tras la lesión de Nolito, que además forzaba su quinta amarilla para perderse el partido ante el Granada. Las entradas de Guidetti y Pape ofrecieron el oxígeno justo y necesario para que los vigueses aguantaran el asedio final de los periquitos, completamente volcados para conseguir el empate. No obstante, el marcador permaneció inmóvil y el conjunto.

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