La enésima decepción

El Celta tiene la pasmosa habilidad para tropezar una y otra vez con la misma piedra. El mercado veraniego ya había sido, cuanto menos, precario. Se debilitó la plantilla, se recortaron efectivos, no se dio salida a los descartes e, incluso, uno de los refuerzos del mes de junio, Vadillo, hizo las maletas incluso antes de acabar la ventana de fichajes. Mientras, el club aseguraba buscar un delantero que nunca encontró quedándose en cuadro durante 3 meses.

El mercado invernal se presentaba como reválida y como opción para reforzar a un equipo que, con Coudet, ha demostrado tener potencial a la vez que ha evidenciado un problema de profundidad de banquillo. La resolución del mes no ha podido ser más ridícula. La llegada de Aarón Martín el 31 de diciembre apuntaba a una situación de conflicto con Lucas Olaza. Su polémica es el epicentro del mercado y representa el motivo de otro fracaso de la dirección deportiva y del tándem Miñambres-Chaves en la planificación de la plantilla.

Se lo jugaron todo a una carta. Olaza por Cervi. No querían pagar los 4 millones por el charrúa. Decisión seguramente lógica, teniendo en cuenta cómo está el mercado y la situación crítica económica. Pero la verdad es que renunciaron prácticamente a cualquier renegociación con Boca cuando se presentó la opción de Franco Cervi, deseado de Coudet, que intercedió en la negociación. Los millones ya tenían dueño. Cerraron acuerdo verbal con el argentino y se sentaron a esperar una resolución del caso Olaza. 

Mientras, el Benfica reconsideró la situación del extremo. Filtró a sus medios que no lo dejarían salir, mientras el Celta deslizaba que no sabía de qué le hablaban. Y hoy se confirmó el enredo. Olaza salió… pero Cervi no entró, a pesar de la insistencia del propio jugador y de los infructuosos esfuerzos del club. Desprenderse de un titularísimo para fichar a… nadie. Llama mucho la atención como el Celta, entidad profesional de Primera División, ha sido incapaz de cerrar una operación que tenía acordada y como, una vez ésta tenía visos de fracasar, no ha sido capaz de cerrar un recambio de garantías para una posición excesivamente coja. Está lejos de ser, desde luego, una gestión deportiva decente.

Con el mercado cerrado, el resumen es sencillo. El Celta aumenta, con Solari y Ferreyra, su abanico de opciones ofensivas. A costa, eso sí, de perder a un fijo -que se va a un rival directo- y de dejar ir a prácticamente el único recambio del futbolista más expuesto de la plantilla, Renato Tapia, sin sustituto a la vista. No gana el Celta tampoco rotación o alternativa a una banda izquierda que parece agotada. Pierde el plus de calidad que aportaría Cervi a un proyecto huérfano de ilusión. Y pierde en su manejo del mercado: apostó por una operación en la que perdió a Olaza para no fichar a nadie, mientras su imagen pública volvía a quedar muy dañada. Y esto no es novedad. 

Seguramente sea el rendimiento final de los nuevos fichajes lo que acabe por marcar el nivel real del mercado. Por ahora, una auténtica incógnita. Lo que sí parece claro es que el Celta, una vez más y salvo milagro inesperado, se vuelve a limitar sus objetivos más ambiciosos y vuelve a tumbar cualquier atisbo de ilusión

Facundo Ferreyra ya es el '9' de Coudet

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