El año que el Celta mereció descender

Vivimos una época particularmente extraña. Los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres en un escenario, nuestro planeta, que se derrumba día a día. Calentamiento global, corrupción política y pandemia son términos que han calado en la mentalidad colectiva genuinamente hasta formar parte de nuestra (sin)razón de ser. Y en mitad de todo esto se encuentra el plano de los ‘merecimientos’: nosotros nos merecemos el calentamiento del planeta por haberlo generado, somos responsables de los políticos que votamos y desatamos las pandemias que nos asolan. No obstante, alguno dirá “pero yo no he tenido que ver en nada de eso”. Quizá sea cierto… o quizá no.

            Mi madre lleva toda la vida repitiéndome, cual mantra, que “no basta con merecerlo, debes hacerlo”. El merecimiento es algo abstracto, inocuo, efímero e insustancial. Sí. La inacción lleva a algunos a merecer ciertas cosas y a otros a salvarse de enfrentarlas, paradójicamente. Muchos nos merecemos nuestro destino, otros se escudan en la ‘injusticia’ para explicarlo y, sin embargo, todos y cada uno de nosotros debemos responsabilizarnos de nuestros actos y vicisitudes, sean estos cuales fueren. Entonces… ¿Qué mereció el Celta de la temporada 2019/2020?

            La evidencia nos dice que el Celta mereció salvar la categoría, puesto que logró hacer más puntos que sus tres inmediatos perseguidores (Espanyol, Mallorca y Leganés), quienes sí descendieron a segunda división. Ahora, ¿es realmente justa esta salvación? Yo, como aficionado, me alegro enormemente de haberla conseguido, pero la sensación no es la misma que otras temporadas de similar perfil, porque ya van unas cuantas... Esta vez, el Celta no pareció en absoluto implicado con la causa: no sé si hablo de los jugadores, del ‘staff’ técnico, de la directiva o de la propia afición, pero está claro que a demasiados involucrados superó esta (no tan) nuevo contexto. Porque la realidad es que la situación, a priori, que se nos vendió, fue que el equipo estaba hecho para pelear por puestos europeos.

            Supongo que ahí reside el quid de la cuestión. En lo individual, contar con jugadores como Rafinha, Denis o Mina, sumados a los Aspas, Mallo, Okay y compañía, hacía apuntar en esa dirección, y finalmente la dirección fue completamente la opuesta. Sólo con nombres no se construye un equipo. Un equipo necesita bastante más para precisamente convertirse en ello y, ya en lo fundamental, debe construirse a partir de un proyecto deportivo sólido conducido por un entrenador a la altura del mismo. Creo que ninguno de los factores a tener en cuenta en toda esta ecuación estuvo acertado, pero también sé que todo lo que creía conocer sobre fútbol, esta temporada, se ha ido literalmente por el desagüe. Algo que curiosamente estuvo a punto de ocurrirle al propio Celta de no ser por un último gol en Butarque.

            Hay demasiados nombres que señalar. Hay demasiadas cabezas por cortar, y no será servidor el que lo haga ahora, porque el lector contará con su particular “lista negra”. Quizá los señalados no se merezcan un destino tan aciago, lejos del club. Lo que sí tengo claro es que la afición lleva ya varias temporadas consecutivas sufriendo a un Celta que no merece. Que ninguno merecemos. Desde la cabeza visible más alta en los estamentos de la entidad, hasta yo como mero aficionado, todos tenemos que responsabilizarnos un poco (bastante) de lo que nos ha arrastrado hasta este escenario tan agridulce. De competir en semifinales europeas y obtener una tranquilidad en mitad de la tabla, a pelear año tras año por no descender. No puede volver a repetirse. No podemos volver a fabricar castillos en el aire. Y dejemos de hablar de lo que se merece cada uno; porque de merecimientos no trata este deporte.

 

“No basta con merecerlo, debes hacerlo”.

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