Sin HIERRO

Al celtismo se le ha acabado la ilusión. Apenas ha durado once jornadas este equipo en destruir por completo los castillos en el aire que habíamos construido tras el fantástico mercado veraniego. “Isto vai de corazón”, rezaba la campaña del Celta para la temporada 2019/20. Esto va de corazón, porque sin duda alguna fue lo que nos faltó en cursos pasados, y que solamente algunos chicos de la casa demostraron tener. Mis compañeros ya han hablado largo y tendido sobre todo esto, del regreso de otros tantos canteranos (artículos que os recomiendo encarecidamente), así que yo trataré sin más de centrarme en lo vivido tras esta extraña jornada de domingo frente al Getafe.

Hemos vuelto a perder. Hemos vuelto a ofrecer una imagen demasiado pobre para las expectativas depositadas sobre el Celta en los inicios de esta liga. Pero voy a tratar de quitarle hierro al asunto. Hierro, sinónimo de poder, de fuerza, de constancia y estabilidad, y cuyo símbolo químico es “FE”. Qué curioso, como las iniciales del míster, un hombre que nunca acabó de tener esa química con la grada. En el momento en el que estoy escribiendo este artículo, Fran Escribá todavía está al mando del equipo. No obstante, todo apunta a que poco le durará el cargo al entrenador valenciano. Sin fe, es difícil conseguir nada en esta vida… o más sencillo; no sé, ahora mismo albergo mis dudas.

Pero aún quiero divagar más. Hombres de poca FE; recuerdo con nostalgia aquel partido frente al Albacete cuando el ‘Toto’ se coronó. Cuando puso su puesto en juego, después de diez jornadas sin conocer la victoria, para reclamar un penalti que a posteriori nos daría la victoria. Cuando nuestra historia reciente empezó a cambiar y, tras ello, regresamos a Europa una década después. Yo siempre confío en que pueda volver a darse otra situación similar, pero no le veo fe a este equipo mientras Escribá continúe ahí sentado… O quizá demasiada, sigo con dudas.

Contra el Getafe, el problema fue más allá del juego: tampoco se atisbó actitud en el Celta. La paupérrima propuesta ofensiva en un equipo plagado de nombres ilustres en esa línea, señalan en dirección al banquillo. Seamos honestos, al equipo lo salva Aspas la temporada pasada, y no Escribá. Lo salva la afición llevándolos a todos en volandas cuando no se lo merecían, y no Escribá. Lo salvamos todos a base de fe, pero la buena, no de la otra. Porque a la otra ya no le quedan balas en la recámara. Ni de plomo, ni de hierro.

Se tomará una decisión que descubrirá el verdadero potencial de esta plantilla (la más cara de la historia). Y sí: queda muchísima Liga. Ni la RFEF con sus extraños tejemanejes, ni con normativas peregrinas que destrozan el espectáculo, ni con una idea de juego basada exclusivamente en la FE, podrán arrebatarnos la idea que ha germinado en nuestros corazones: la fe real en este equipo, en estos futbolistas.

Quitémosle hierro al asunto, y probablemente nos irá a todos bastante mejor…

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