El último jedi

Snoke: ¡Skywalker vive! ¡La semilla de la Orden Jedi vive! ¡Y mientras sea así, vive la esperanza en la galaxia!

Lo confieso: ya había tirado la toalla. No habían pasado ni quince minutos y el segundo gol del Villarreal, tanto por forma como por fondo, había puesto el último clavo en el ataúd de mis esperanzas. Ya no veía nada a lo que agarrarme para seguir creyendo, ni encontraba razón alguna para pensar que el Celta escapara de ese círculo vicioso de complicada salida en el que se había metido hace demasiadas semanas. En cierta forma, los últimos meses han sido como caminar a través de un pantano, hundiéndonos poco a poco con cada paso que dábamos, ninguno de ellos en la dirección correcta. Incapaces de orientarnos, sin saber si encontraríamos una salida. Íbamos andando de manera mecánica sin rumbo, pero con un destino ineludible: ser engullidos por el lodo.

Y en esas andaba yo, en la redacción del medio en el que ahora desarrollo mi carrera profesional, viendo a través de una pantalla demasiado granulada la enésima debacle futbolística de la campaña. El tanto inaugural de Ekambi fue un bofetón, pero la jugada ronaldonazariesca de Pedraza fue una puñalada en las costillas. Suficiente para soltar cualquier amarre con el pensamiento positivo y dejarse llevar. Me gustaría decir que entonces lloré o que, al menos, me entraron ganas de llorar a fin de que este texto fuese más emotivo, pero lo cierto es que ya estaba vencido. Seguí sin demasiado interés los siguientes minutos: las intervenciones salvadoras de Rubén, los poco atinados remates de Brais, las dudosas decisiones de Boufal… así hasta el final de una primera mitad que seguía al pie de la letra el guión trágico al que ya nos habíamos acostumbrado con cada nueva entrega de esta serie.

El caso es que aunque uno piense que toda esperanza está perdida, siempre hay alguien capaz de indicar el camino hacia la luz. En el caso del Celta, esta tarea suele quedar a cargo de un sospechoso habitual desde hace casi diez años. Ayer quizás no era el mejor día para ser optimista: tres meses sin ser titular, recuperado antes de tiempo de una lesión complicada y con el equipo en cuesta abajo. Claro que él no entiende de esas limitaciones.

Me perdí el momento clave de la tarde porque estaba lejos de mi pantalla granulada. A los cinco minutos de la reanudación obró su magia: falta en la medialuna del área y directa a la escuadra, imposible para el guardameta rival. Un chispazo de genialidad para prender la llama de la tan publicitada reconquista, que él mismo culminaría convirtiendo un penalti en la que siempre será su portería. Un nuevo momento que añadir en su interminable lista de gestas con la camiseta celeste. Una hazaña con la que recordarnos para siempre que, mientras él vista los colores de Galicia y una cruz de Santiago en el pecho, la esperanza nunca estará del todo perdida. Y, de paso, conseguir que broten lágrimas de emoción y de orgullo incluso en aquellos que nos habíamos resignado a que nos tragara el pantano.

Kylo Ren: ¡La Resistencia ha muerto! ¡La guerra ha terminado! ¡Y cuando te mate, habré matado al último Jedi!

Luke Skywalker: Impresionante. Cada palabra que has dicho está mal. La Rebelión está renaciendo hoy. La guerra sólo ha empezado. Y yo no voy a ser el último jedi.

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