Setenta minutos

La semana pasada y aprovechando que estaba de visita en Vigo, quedé con dos de mis más íntimos amigos para ver juntos el partido ante el Alavés. Como nos citamos con bastante antelación, decidimos dar una vuelta por el parque de Castrelos para ponernos al día y hablar de nuestras cosas y, como era de esperar, de la situación que atravesaba —y atraviesa— el Celta. Uno de ellos me decía que, habiendo cosas que valoraba de su gestión, consideraba a Miguel Cardoso como uno de los peores entrenadores que había visto en Primera División justo por detrás de Gary Neville y el indescriptible Tony Adams. Ahí es nada.

Como no suele ser de soltar afirmaciones tan categóricas, profundizamos en esta tesis y al final saqué, porque sólo me atrevo a hablar por mí, algo en claro: el mejor fútbol de la era Cardoso se cifra en 70 minutos frente al Villarreal. Una hora y un poco más. Dos capítulos y pico de ‘Cómo Conocí A Vuestra Madre’ o uno de ‘Los Simpson’ si contamos el parón publicitario promedio de Atresmedia. Lo grave del asunto no es el poco tiempo de indiscutible y rotundo buen juego, sino que hizo todo por tirarlo por la borda en los 20 minutos restantes y quizá no haya mejor representación de la etapa del portugués en el banquillo del Celta que esa.

En los casi cuatro meses del preparador de Trofa al frente del conjunto vigués, no sólo no fue capaz de implantar un modelo de juego medianamente estable, sino que fue pegando volantazos de difícil explicación y enrocándose en ideas que a todas luces no funcionaban. Quizá el mejor ejemplo de esto último sean aquellos partidos en los que usó a Fran Beltrán como una suerte de enganche y que me perseguirán en sueños hasta el fin de mis días.

En última instancia y ante una situación clasificatoria que apremiaba —y apremia—, por muy simple que suene, optó por salir a no perder en vez de salir a ganar. A veces te sale regular, como en Vitoria, y a veces te sale mal y en Ipurúa la moneda cayó del lado que no tocaba. Desde luego, esperar en área propia a uno de los equipos que mejor presiona y centra de la categoría con una plantilla que no está confeccionada ni habituada a ello no ha sido la mejor decisión de la corta carrera del luso en Vigo.

Entre todos los debes en su cuenta, a favor de Cardoso juega haber sido el primero de los cuatro últimos entrenadores del Celta en haber apostado por David Costas, un futbolista condenado al ostracismo en los últimos años y que con el portugués demostró que era el perfil de central que tanto se llevaba buscando. También el haber dado la oportunidad de redención a algunos futbolistas defenestrados por Antonio Mohamed, como Jozabed Sánchez o Rubén Blanco, que posiblemente haya cuajado sus mejores minutos como celeste bajo la batuta del portugués. Bueno, al menos los que más ha lucido.

Pese a todo, a uno le queda el regusto amargo de que es un hombre que vino con sus mejores intenciones, pero que fue superado en todo momento por la situación y también por su incapacidad para implantar aquello que predicaba ante los micrófonos. Quizá con una pretemporada en condiciones todo hubiese sido distinto. Tal vez con Aspas —4 de 27 puntos desde su lesión— todo hubiese resultado más fácil. Puede que de haber sumado otros buenos veinte minutos ante el Villarreal la película hubiese acabado de forma distinta. Siempre nos quedarán esos setenta minutos.

Buena suerte en la Senda, Miguel.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS