Una infamia para sentenciar a Cardoso

Ya no se puede caer más bajo. Puedes entrar en descenso, ser colista,… Cuestiones meramente numéricas. Pero en lo que a sensaciones futbolísticas se refiere, es imposible ser tan nimio como el Celta de Cardoso. Un equipo mediocre, con un sistema que empeora a los jugadores, sin soluciones desde el banquillo, con planteamientos erróneos y una incapacidad suprema para manejar los tiempos de cada encuentro.

Sin embargo, lo que más apena, lo más sangrante de todo, es que Miguel Cardoso haya tenido que acatar órdenes y renunciar a toda su libreta para procurar una mejoría defensiva que sólo duró los 90 minutos de Mendizorrotza. Porque hoy, en Ipurúa, el bochorno en la zaga volvió a alcanzar cotas inigualables. A Cardoso no le gusta la línea de 5 porque el Celta no está diseñado para ella. El Eibar lo aprovechó y avasalló a un equipo celeste empequeñecido, empeñado en no salir de su área y rogando por un empate en un día que podía poner tierra de por medio con el descenso. Prefirió optar por amarrar el empate y el resultado fue una infamia de partido injustificable.

Cardoso ha convertido al Celta en una caricatura irreconocible. Un equipo que viaja sin apenas plan A y que ni imagina un plan B. El barco se hunde de forma irremediable y su capitán ejecuta una idea en la que no cree. Puede que, en la situación actual, los 3 centrales y 2 carrileros sea el sistema adecuado para frenar la hemorragia defensiva habitual. Pero es evidente que no es Cardoso el idóneo para explotar la idea. No potencia el sistema, los cambios parecen programados y está absolutamente superado. 

¿Es el principal responsable de la terrible espiral en la que está el equipo? No, ni de lejos. El Celta es una pantomima que empezó a degenerar en junio. Una planificación deportiva muy cuestionable que derivaron en una plantilla descompensadísima, una elección de entrenador barata y arriesgada que salió rana, bajo rendimiento de jugadores llamados a ser clave, lesión de tu jugador diferencial,… 

Hay tantos focos de origen que puede parecer injusto centrarse en Miguel Cardoso. Pero, a golpe de jornada 27, en una situación crítica y tras haber fracasado el técnico portugués, se necesita un cambio drástico. Y el más rápido y más efectista se da siempre en el banquillo. Que sea efectivo ya será otro cantar.

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