Se busca timonel

La noticia que nadie quería leer se conoció a lo largo de esta mañana de jueves: Iago Aspas estará alejado de los terrenos de juego entre cuatro y seis semanas en el mejor de los casos. El delantero moañés, que recayó de su lesión durante el encuentro ante el Levante, se perderá casi seguro los partidos previos al parón de selecciones de marzo: Alavés, Eibar, Betis y Real Madrid; también peligrarían para el canterano las siguientes jornadas ante Villarreal, Huesca y Real Sociedad. A excepción del partido que enfrentará al equipo vigués ante el Real Madrid, todas las citas serán, como poco, entre rivales del mismo escalón, algunos de ellos decisivos en la lucha por la permanencia como el caso del Villarreal y el Huesca.

Teniendo en cuenta que se trata de una recaída en un músculo particularmente problemático, los servicios médicos del Celta no quieren correr ningún riesgo y no forzarán al internacional español. Dicho de otra forma: hay que olvidarse por completo de Iago Aspas en el futuro inmediato. Ya no vale “aguantar el fuerte” hasta el retorno del rey. Porque la situación era como cuando uno se independiza de su familia, pero continúa viviendo en el mismo edificio: si no te apetece hacer la colada, cruzas el rellano con la ropa sucia y ya lo hacen por ti. Así afrontó el equipo estas semanas, asumiendo que sin el 10 el rendimiento general se resentiría y que los próximos partidos formarían parte de un proceso de aprendizaje en el que valían más las lecciones aprendidas que los puntos conseguidos. Pues ni lo uno, ni lo otro.

Poco aprendió el Celta a vivir sin Aspas, pues en las últimas semanas se ha visto a un equipo con muy pocos argumentos futbolísticos respecto a su rivales, a unos futbolistas con pocas intenciones o incapaces de coger el mando del equipo en ausencia de Iago (para el caso es lo mismo) y, en consecuencia, pobres resultados cosechó: seis derrotas y una victoria para un total de tres puntos de dieciocho posibles. Si la cada vez más débil llama del optimismo permanecía prendida en la afición era porque la vuelta del moañés daría un lavado de cara al conjunto entrenado por Miguel Cardoso y potenciaría a aquellos jugadores que sin el delantero vieron como sus prestaciones bajaron en picado.

Con el 10 fuera de juego para, por lo menos, el próximo mes de competición y con una situación cada vez más límite, es el momento de que los jugadores más talentosos del equipo cojan las riendas. Hablo, por supuesto, de futbolistas como Maxi o Brais, jóvenes perlas que desde su mejor versión quedó atrás hace ya muchas semanas. De ellos se espera que lideren al equipo cuando falte ese faro que es el 10, pero no lo pueden hacer sin ayuda. Es por ello que otros futbolistas como Lobotka o Boufal, llamados a ser importantes esta temporada y que, en el mejor de los casos, sólo han dejado ver su potencial a cuentagotas den un paso adelante y ayuden a sacar la temporada adelante.

Hace un mes, mi compañero Iago Tallón reflejaba sus impresiones, entre ellas cómo la presencia de Iago era la diferencia entre navegar en aguas más o menos revueltas. Pues bien, el Celta ha topado con una tempestad con el patrón indispuesto y, o alguien coge el timón para llevar el barco a buen puerto, o el barco se hunde.

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