Hijos de la anarquía

LOF

La temporada pasada, el Celta de Unzué navegaba con la pausa y la tranquilidad infundadas por un plan muy bien elaborado. El orden, sin duda, era una de las señas de identidad de un equipo (sin embargo) descafeinado, y claramente desequilibrado en las tres parcelas diferentes del campo. A ráfagas se jugaba bien, pero la actitud ganadora, las ganas de ganar eran un claro déficit en la mentalidad colectiva. Como ya se ha dicho en más de una ocasión, eso es algo que esta temporada “no se negocia” …

Resulta evidente que ese lastre del pasado se quiso abandonar por todos los medios desde la directiva. El Celta de Mohamed es, con aquella base ya adquirida, el antagonista a lo anterior: viviendo en el caos, en el arrebato, el desorden y finalmente la anarquía de cada uno de sus protagonistas. No se pretende con este análisis situar a ninguno por encima del otro en cuanto a criterios maniqueos, ni mucho menos, pero sí compartir con el lector la reflexión sobre la situación actual de los celestes.

Como en la serie homónima, los once jugadores que jornada tras jornada se disponen sobre el césped son hijos de la anarquía. Cada uno toma su moto en pos de la gloria individual, aunque formen parte de un club tan ilustre, para sobresalir por encima del resto. Y como en la famosa serie de televisión, estos protagonistas dan tumbos entre el fracaso y un éxito más bien relativo. Porque es evidente que buscando cada uno su propia gloria el grupo nunca prevalecerá y sin dudad se verá gravemente afectado por el impulso de cada uno de sus integrantes.

Cada personaje cuenta con su propia ‘Harley’. Cada uno de ellos tiene sus virtudes y sus defectos, pero las primeras se fortalecen cuando se apoyan en sus compañeros, y las segundas se mitigan. Esto es algo que el Celta tiene que empezar a aprender cuanto antes y que exclusivamente depende además de nuestro ‘Jax Teller’ particular: Antonio Mohamed. Porque, por discutido que esté en la actualidad y lo vayan salvando sus compañeros de fatiga moteros (Aspas, Maxi, etc.), sigue siendo nuestro líder, y mientras a él le vaya bien, le irá bien a toda la banda.

Una semana para recibir al Real Madrid en Balaídos. El último gran golpe antes de la apacible retirada (de al menos dos semanas, por el parón de selecciones). Puede ser el momento de encumbrarnos y de recobrar ese cierto orden perdido, o quizá sigamos viviendo en el inconformismo más rockero con el cual cada uno de los jugadores de celeste siga haciendo la guerra por su cuenta. Esperemos que, pase lo que pase, los nuestros olviden durante los minutos justos que son hijos de la anarquía.

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