Sobre la esperanza

Dicen por ahí que “es lo último que se pierde”, pero dudo que haya frase más manida. Mucha gente ha perdido la fe a lo largo de la historia por actos humanos injustos y crueles, y otros muchos ni siquiera contaban con que un ‘milagro’ se produjese y, sin embargo, sucedió. En el deporte, si cabe, esto se produce más a menudo, porque las batallas se vislumbran siempre antes de que se lleven a cabo, y eso genera una serie de expectativas, resignación, deseos y falsas verdades… llamémoslo ‘esperanzas’.

Como cualquier otro aficionado del Celta, recuerdo la temporada 2012-2013. A priori, es el pensamiento que a cualquiera de nosotros nos evoca el escenario presente, debido (supongo) a su proximidad en el tiempo. En aquel año, todos los medios auguraban un único 4% de probabilidades de salvación para los nuestros en una liga tan apretada por su zona inferior de la tabla como lo está en la actualidad la franja media-alta de la nuestra. Y el Celta, como todos gratamente recordamos, se salvó en detrimento del eterno rival, el Deportivo de la Coruña.

Ya en el plano de la opinión, creo que deberíamos ser los últimos en renunciar a ella. Creo que nos cuesta recordar las gestas recientes para lo bueno, y sólo visualizamos la cara amarga de este deporte que ha sido tantas veces injusto con nosotros. Últimamente parece que somos los primeros en hacerlo, en renunciar a la esperanza. Y no estoy hablando de ella como algo vacío, abstracto o meramente existencial… hablo de realismo. De opciones. De datos. De pura probabilidad matemática. Será difícil, muy difícil, extremadamente difícil o casi rozará la improbabilidad; pero puede darse. La cuestión fundamental es que ya no dependemos de nosotros mismos, de acuerdo, pero calendario en mano, nuestros tres (o cuatro) rivales directos lo tienen igual o tan difícil como los celestes.

Nos encontramos a día de hoy (23 de abril) a tres puntos de un séptimo, el Sevilla, cuyo único partido pendiente es el aplazado contra nada menos que el Madrid. Y además contamos con ese llamado ‘goalaverage’, precisamente. Bien. De los doce puntos que restan por jugarse, doce habría que lograr (si acaso diez), empezando por el próximo contra el Villarreal: otro rival (casi) directo. Así, poco a poco, paso a paso (y no partido a partido) cumplir con, al menos, nuestra parte. Quizá hasta hoy no nos lo hemos merecido, pero es quizás a partir de este momento cuando hay que demostrar de verdad que todos estábamos equivocados, y que es el Celta quien realmente debe ocupar esa última plaza europea de la tabla.

Contra viento y marea, sin nuestro jugador emblema o con él. Con un entrenador que ha generado dudas todo el curso, pero que al fin y al cabo, es el nuestro. Con tantos jugadores bajo la lupa de las críticas. Con una con la mente puesta en otras cosas. Somos nosotros, los celtistas, los primeros que debemos creer que lo lograremos, mientras así pueda darse. No es una simple cuestión de esperanza: es una cuestión de visualizar el objetivo. Ahí, a tan sólo cuatro jornadas. Por muy pueril que suene, basta con querer hacerlo, porque poder se puede; y, como mínimo, tendremos que cumplir con nuestra parte.

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