Brais Méndez se hace mayor

Si algo bueno dejará esta temporada de sinsabores, más allá de un Iago Aspas estelar, es la aparición de un nuevo canterano que ha tirado la puerta del primer equipo para quedarse. Brais Méndez confirmó ayer, en un partido de máxima envergadura mediática, que ha dejado de ser una promesa. El de Mos ya es una realidad. Y de las buenas.

Será, sin lugar a dudas, la mejor noticia que deje el paso de Juan Carlos Unzué por Vigo. El navarro ha sido su principal valedor: ha hecho lo que muchas veces se le había pedido a su predecesor, Berizzo. Echar la vista abajo, a la cantera, y dar oportunidades. Confiar y, quizás, arriesgar. Porque sólo así se descubren los nuevos talentos. Supo el técnico celeste gestionar el papel de un chaval que ya sabía de sobra qué era eso de entrenar con los mayores en A Madroa, pero al que todavía nadie le había hecho sentirse importante en la élite.

Con todo, es evidente que aquí la última palabra la ha tenido siempre Brais. Él ha sido su mejor entrenador. Ha sabido esperar su momento. Ha entendido que en el fútbol de primer nivel no llega antes el que camina más rápido. Ha entendido que hay etapas que quemar y que el éxito sólo llega con mucha dosis de constancia y trabajo. No se le cayeron los anillos por bajar a jugar con el filial cuando, siendo un habitual en el primer equipo, no entraba en las convocatorias. Detalles que acaban marcando la diferencia. Detalles que reflejan quién tiene madera para la élite.

Y después, evidentemente, está su rendimiento en el césped, con el que ha justificado su presencia en el once en las últimas semanas. Sin hacer ruido, asomándose poco a poco, ha conseguido que su aparición entre los titulares ya no sorprenda a nadie. En línea ascendente durante toda la temporada, comenzó siendo una pieza eventual en la rotación. Poco a poco pasó a ser un habitual en los cambios, respondiendo casi siempre de forma notable. Incluso haciendo gol, como el bello tanto que consiguió en San Mamés. Unzué premió su nivel otorgándole la titularidad. Y el mosense ha respondido con buen juego, inteligencia y un aplomo impropio de alguien con 21 años y apenas 600 minutos en Primera. Palabras mayores.

Ayer se hizo mayor. Ante un centro del campo culé con más grietas que cemento, bailó como quiso. Catalizó buena parte de las acciones ofensivas de los suyos. Puso esa nota de cordura que convierte ataques desbocados sin sentido en ataques veloces pero lógicos. Y encontró en Iago Aspas a su mejor socio. Juntos hicieron diabluras. Destrozaron el entramado defensivo de Ernesto Valverde, que respiraba aliviado cuando la falta de puntería celeste y un colosal Ter Stegen negaron el merecido gol a los locales. El propio Brais rondó el tanto en dos ocasiones, pero le falló la puntería y le faltó quizás algo de malicia en el disparo.

Parece obvio que con Méndez el Celta tiene jugador para rato. Por su inteligencia en el campo, por la sutileza de sus acciones y, sobre todo, por el potencial que se adivina en un chaval que, además de jugar muy bien al fútbol, está bien asesorado y parece que tiene la cabeza sobre los hombros. Algo no tan habitual como pueda parecer y de suma importancia hoy en día. Una cabeza que, desde luego, le irá abriendo las puertas del fútbol profesional al ritmo que dicten sus botas.

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