El alma del nuevo Celta

En el pasado reciente, Eduardo Berizzo otorgó al Celta la inestimable capacidad de dominar a cualquier rival a través de un ritmo avasallador, aplicando un caos calculado que obligaba al oponente a desgajarse y exponer espacios mortales. Apoyado en el descomunal recorrido de Daniel Wass, Pablo Hernández y Nemanja Radoja, el sistema bielsista dependía del resultado de sucesivas batallas individuales, de que cada uno de los integrantes demostrara premura y determinación. Desesperante sin la pelota y fulgurante a la ofensiva, el método tenía tantas virtudes como contrapartidas, sirviendo al celtismo gloriosas noches y más de un desastre. Sea como fuere, la naturaleza de aquel conjunto sobrevivirá al tiempo y marcará a los que están por venir.

Tamaña influencia habla del mérito del trabajo de Juan Carlos Unzué, al mando de la escuadra celeste desde hace poco más de un mes. Desaprender para acoger nuevos conceptos supone un ejercicio intelectual mayúsculo, con herramientas que sustituir y otras que han de ser aprovechadas ante el inclemente avance del calendario. El preparador navarro ha concentrado energías en preparar al medio campo para guiar, sostener y abastecer al colectivo, impulsado por el mismo espíritu protagonista, mas cargando en este sector el trabajo y la contemporización. Si antes era la línea de tres cuartos de campo la que se encargaba de frenar a un Celta desbocado, ahora es la medular la que, partiendo de un vals, trae la percusión y los vientos de Marte.

Mas abandonemos las figuras en pos de un retrato de la línea media. Tres integrantes. El pivote se preocupa por la integridad defensiva y de asear la salida de la pelota, dominando un imaginario pasillo central; recibe, se gira y descarga, con especial precaución en que la pelota circule lo antes posible hacia los costados, donde otros asumirán los riesgos. Esta tarea está facilitada por los dos interiores, que estiran y tensan las coberturas del contrario para crear espacios, distribuyéndose a distintas alturas en los ejes X e Y; con la pelota aceleran, asisten y acompañan al tercio atacante, y en la brega son los encargados de  presionar y obstaculizar las secuencias de pase, consigna que comparten con los extremos. A la postre son los más activos del equipo, por lo que se protegen y recuperan fuerzas con la posesión.

¿Qué ha cambiado? Ahora el medio campo tiene menor peso en la salida de la pelota; por contra, a esta línea le corresponde el manejo de los tiempos, consiguiendo que los delanteros no tengan que intervenir hasta el momento preciso, cuando aparecen superioridades locales. Alternan el dominio bajo de pulsaciones con combinaciones al primer toque que lanzan al Celta hacia la portería objetivo. Agentes de la sorpresa, recogen la función que otrora correspondió a los laterales, ahora reservados para el toque en campo propio y el ataque posicional.

Aun con este cambio de roles, el plantel se ha adaptado de maravilla. Radoja, tras un inicio titubeante, ha aprovechado la ausencia de Hernández –con descanso adicional por la Confederaciones– y la sentencia del club a Marcelo Díaz para asentarse en el pivote, demarcación reservada a los más tácticos y robustos. Por delante, Wass ha sorprendido con una celera adaptación, apuntando de nuevo a indiscutible. Junto a él comparece Jozabed Sánchez, del gusto de Unzué, para aportar el picante y la velocidad de decisión. El recién incorporado Stanislav Lobotka será en principio un suplente de lujo para cualquiera de las posiciones de la medular, ya sea en una versión contenida y fiable para el pivote, o un funambulista que rompa líneas desde el interior. Por último, y si ningún club se interpone, Pape Cheikh encontrará minutos y un entrenador idóneo para desarrollar su estilo, osado a la par que delicado.

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