Un año de estancamiento

La carrera de Théo Bongonda en el Celta se ha desarrollado entre interrogantes. Siempre ha habido dudas respecto al belga: sobre su fichaje, su nivel, sus condiciones, su futuro e incluso su fútbol. Si bien es cierto que ningún joven de 20 años merece vivir constantemente bajo el foco de la crítica, el extremo de Charleroi apenas puso de su parte para disipar ese recelo del imaginario de la afición celeste en las numerosas oportunidades que Berizzo le concedió desde su llegada en el mercado invernal de 2015.

Entonces Bongonda aterrizaba en Vigo con 19 años y siendo una de los diamantes en bruto de la Jupiler Pro League, condición que le valió para ser internacional sub-21 con Les Diables Rouges. En sus primeros seis meses dispuso de poco más de 100 minutos repartidos en ocho partidos en los que, con todo, le dio tiempo a anotar el tanto del empate en un gris partido en Granada. Muy poco metraje como para juzgar a un futbolista tan joven y procedente de un campeonato interior como el belga.

En su siguiente temporada, la primera completa en Vigo, dispuso de más protagonismo del esperado tras la lesión de Nolito a mitad de temporada. Durante ese tramo, el ex del Zulte Waregem hizo gala de suficiente velocidad, desparpajo y regate como para ser optimistas con su desarrollo y firmó un par de goles importantes para las aspiraciones europeas del Celta. Sumó más de mil minutos aquella campaña y la marcha de Nolito al Machester City en verano le abría de par en par las puertas del once titular.

Con una temporada y media de experiencia en el fútbol español, la confianza de Berizzo y galones en el vestuario, Bongonda lo tenía todo para hacer de éste el curso de su confirmación. Nada más lejos de la realidad. Salvo su mes de diciembre, el belga no ofreció un rendimiento acorde a la confianza que le brindó su entrenador. Paralelamente, la figura de Pione Sisto crecía sin control mientras la depresión del de Charleroi descendía al mismo ritmo que más voces se sumaban a la corriente crítica con el belga. Así, el 7 iba quedando relegado a un ostracismo del que sólo lo salvaron las rotaciones durante la fase final de la Europa League.

Y es que en la que tuvo que ser el año de su despegue, Bongonda vivió un estancamiento que la estadística refleja. En base 90 minutos, el crecimiento del belga en aspectos cruciales para un extremo es ínfimo, más aún si contamos que ha sido una temporada en la que sus minutos aumentaron drásticamente. Algunos de estos datos, como el porcentaje de acierto en el disparo, se redujeron sensiblemente pasando de un 38% a un pobre 25%, la marca más baja de entre todas las de los delanteros celestes. Los totales tampoco dejan en buen lugar al belga, que con más minutos sobre el campo mejora en pocos aspectos a Sisto, su competidor directo.

Los números sólo ponen de manifiesto lo que se veía sobre el campo: Bongonda era la nota discordante en el Celta. Indeciso y poco imaginativo en el pase en los metros finales, errático ante el meta rival y sin confianza en su regate, el belga fio casi la totalidad de su capacidad para generar peligro en que el rival dejara metros para castigarlos con su velocidad. Pero cuando eso sucedió, pocas fueron las veces que las carreras del 7 hasta línea de fondo fueron productivas para el equipo.

Con todo, Berizzo intento probarlo en otras posiciones que no fueran la de extremo izquierdo. Lo cambió a la derecha, pero el belga era incapaz de tirar diagonales para internarse en el área. Llegó incluso a ejercer de delantero centro, buscando aprovechar su explosividad, pero el experimento también fracasó. Su cada vez menor incidencia le acabó costando la confianza del ‘Toto’, que incluso invitó públicamente a Bongonda a reflexionar sobre su pobre rendimiento.

Sin su principal valedor ya en el cargo, ayer se confirmó la cesión del de Charleroi al Trabzonspor de la Superliga turca. El traspaso tiene sentido para todas las partes: los Tigres necesitan a un jugador de sus características, el Celta puede recuperar la inversión realizada y el belga recuperar su fútbol en un escenario nuevo y de menor exigencia. A las orillas del Mar Negro, Bongonda intentará resarcirse y volver a encauzar su carrera por el camino que los optimistas imaginaban hace un año.

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