La temporada del Celta (IV): Ataque

El tercio ofensivo del Celta de Vigo es el que más cambios registró con respecto a la temporada anterior. Si en la 15/16 la nao de Nolito, Aspas y Orellana navegaba en un mar de regularidad y espectáculo, un tridente mayúsculo para disfrute del aficionado propio y ajeno, la campaña recién terminada estuvo marcada por los momentos individuales. La pobre apuesta del club en materia de incorporaciones truncó el proyecto de Berizzo, que soñaba con un nuevo Mostovoi para alcanzar el éxtasis. Ni llegó el fichaje de postín (el diez) ni el reemplazo adecuado para Nolito; tampoco pudo contar con Orellana. Acudió Aspas para tomar definitivamente el timón.

 

Esperando por el diez

Durante el último tramo de pretemporada, Berizzo aún confiaba en que se incorporaría a un mediapunta, la figura crítica para la evolución de todo el sistema. Había diseñado un esquema flexible, que creaba espacio para que los extremos –Bongonda y los recién incorporados, Naranjo y Sisto– explotaran toda su velocidad, asistidos por un mediapunta móvil –Orellana y el eventual fichaje– y un delantero de referencia –Aspas o Guidetti–. A última hora supo que Rossi sería el último en sumarse al grupo, lo que junto al delicado físico del Chelo Díaz y cierta fragilidad defensiva, obligó a renunciar a la nueva idea y retornar al ya probado 4-3-3. El comienzo de Liga fue preocupante. 

 

Bongonda, Sisto y Naranjo

La galería de los horrores de la nueva dirección deportiva de Miñambres: tres extremos con preferencia por el carril izquierdo, todos sin curtir. El vacío con respecto al nivel mostrado por Nolito daba vértigo al concluir la pretemporada. José Naranjo era la apuesta del club, y pronto quedó claro que tenía escasa sintonía con el grupo y con el entrenador; terminaría por marchar en invierno al Genk. Con las opciones desde el comienzo reducidas a dos, Theo Bongonda quedó provisionalmente como titular, mientras el danés Pione Sisto se preparaba para ser la alternativa, ensayando movimientos complementarios a los del belga. Bongonda nunca se asentó, con la salvedad de un mes de enero en el que mostró especial confianza y capacidad de asistir; para febrero, Sisto empezó a crecer a base de minutos y sostuvo al Celta en el asalto a la Europa League. 

 

Guidetti, Rossi y Beauvue

El hombre más carismático del Celta repitió la secuencia de su primera temporada en Vigo. John Guidetti arrancó con un estado de forma insuficiente, mas la necesidad del equipo y el trabajo del sueco le convirtieron en una pieza capital como delantero centro. A pesar del protagonismo, nunca encajó del todo con la dinámica y mostró una eficacia de largo insuficiente; el encuentro en Old Trafford fue una muestra de su frustración ante el gol (9 tantos en toda la temporada). Guidetti habría perdido la titularidad de no ser por el deplorable estado físico de Giuseppe Rossi, víctima de nuevo de la genética, o la tardía recuperación de Claudio Beauvue, demasiado ansioso por aportar. 

 

Aspas y diez más

Al regresar a una disposición con tres mediocampistas, más sólida pero consecuentemente falta de colmillo, Berizzo desplazó a Iago Aspas al costado derecho, un terreno baldío por las escasísimas prestaciones de Señé y la alargada convalecencia de Beauvue. El preparador argentino entendía esta solución como provisional, y siguió abogando por la contratación de un banda derecho asociativo. Desde el primer día de competición fue Aspas el elemento decisivo de la mezcla, por imaginación, recursos y espíritu, pero sobre todo, por una eficacia a la altura de pocos en La Liga. 

En enero se produjeron dos incorporaciones. Arribó Andrew Hjulsager para aliviar la carga de trabajo del costado diestro, mas la falta de ritmo y la lenta adaptación relegaron al bisoño danés a un papel marginal (aunque con destellos). Quien sí fue providencial para reactivar la maquinaria ofensiva fue Jozabed Sánchez, un pelotero diferencial en el escalón de medio campo, mas todo siguió inalterable en la punta de lanza. Aspas, que se había hinchado a goles hasta la época del deshielo, notó el bajón físico en el tramo decisivo de competición. Se quedó seco en Copa del Rey y comenzó a fallar en demasía en Europa League, víctima de la exacerbada responsabilidad que asumía. 

El de Moaña había sido la suma de Nolito (26 dianas en todas las competiciones) y Orellana (desequilibrio y 8 asistencias) hasta la extenuación, consiguiendo el premio Zarra al mejor goleador nacional. No sería descabellado asumir que, dada la diferencia de nivel, un Aspas mejor acompañado podría haber colocado al Celta en al menos una de las dos finales a las que los celestes tuvieron opción. 

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